Bienvenidos

Este es un humilde sitio donde podré difundir también mis escritos. Volcaré semanalmente algunos de mis cuentos editados e inéditos para que la gente pueda disfrutarlos.

Espero les agrade.




lunes, 9 de febrero de 2015

Bombazo y la ecuación



Pocas veces un arquero demuestra miedo dentro de una cancha de fútbol. Y yo era arquero, por lo tanto, no podía ser menos que mis colegas; aunque ellos, profesionales del deporte debían no tener miedo, pues el hecho de tenerlo, implicaba dar ventajas deportivas.
En cambio yo, debía mostrar mi falta de miedo, sólo por el hecho de ser el capitán de mi equipo.
Les aclaro que defendía el arco de Pampero de Parque Chacabuco, que no era ni más ni menos que un rejunte de amigos, que me habían honrado con la banda de capitán.
La razón por la cual comencé explicando la ecuación arquero-miedo, es por el acontecimiento ocurrido el pasado Domingo, allá en Pompeya casi llegando al Riachuelo, en cancha de ellos. Cuando digo ellos, me refiero al poderoso, invicto e imbatible equipo Los Tigres de Pompeya. Poderoso, por la gran cantidad de gente que llevaba a todos lados. Invicto, porque no conocía la derrota desde hacía casi un año e imbatible, porque de local no perdía jamás.
Nuestro Pampero, era un equipo humilde, de características típicas a las de un grupo de amigos que se juntaban a jugar en las canchas de Parque Chacabuco y que un determinado día, comenzó a competir en la liga amateur de Capital Federal. Esta liga, se llamaba así, porque los jugadores que integraban sus equipos, no percibían sueldos, aunque era vox populi, que se apostaban grandes cifras en cada partido.
No me quiero ir por las ramas y explicar la idea de la ecuación arquero-miedo.
Es que el guardavallas, es el jugador más propenso a recibir golpes, pelotazos y hasta choques violentos con adversarios y compañeros. Y allí nace esta anécdota reciente, muy reciente.
Es que yo, jamás tuve miedo mientras defendí un arco de fútbol. Y cuando digo jamás, es nunca.
Mirá si justo yo, voy a arrugar contra Bombazo Rodríguez. ¡Qué animal ese nueve!
¡Qué bestia, la patada que tiene…!
Cuentan que una vez de un pelotazo, sacó el travesaño y ni hablar de las veces que se suspendió el partido, porque Bombazo Rodríguez  reventó la pelota.
Ojo, que se revienta la pelota y chau partido. No es como en los partidos de los profesionales, que hay diez pelotas. Cuando uno la patea lejos, hay que ir a buscarla.
Como en los picados de barrio.
Tenemos un sólo juego de camisetas, un sólo juego de botines. Se imaginan cuando llueve mucho, no hay ropa seca para cambiarse en el entretiempo y los botines pesan cinco kilos cada uno. Porque hasta en eso se diferencian los partidos de la liga con los profesionales, no se suspenden por nada del mundo.
Y justo el Domingo que jugamos con Los Tigres llovió y la pelota pesaba el doble.


Cada zapatazo del Bombazo, explotaba donde pegaba. Volaba barro para todos lados.
Parecían bombas, no pelotas; tenía una patada infernal y la sabía aprovechar para bien de su equipo.
El partido lo llevamos bien, diría más que bien, casi como lo habíamos planeado.
Nos pelotearon todo el primer tiempo, pero la situación más clara la tuvimos nosotros.
Si el Toto emboca el contraataque del final, terminamos ganando nosotros. Pero no, el muy goloso quiso gambetear al arquero, se enredó con la pelota y el uno se la manoteó.
Pero igual el 0 a 0 era un muy buen resultado, tan bueno que nos fuimos al vestuario súper satisfechos.
Cuando salimos a la cancha, bajo la lluvia torrencial que azotaba Pompeya, vimos que el ambiente entre los locales había cambiado, que los jugadores iban y venían y el técnico tenía rostro de preocupación.
Como capitán, me acerqué al árbitro (porque éramos amateurs, pero teníamos árbitro y jueces de línea) y le pregunté:
-          ¿Qué pasa juez?
-          Parece que al nueve, se le rompió el botín derecho.
-          ¿Y qué no juega?. Pregunté interesado.
-          No, están tratando de conseguirle un juego con su número.
Y allí partí contento, reuní a mis compañeros y comenté que ocurría. Se podrán imaginar la alegría que nos invadió. Porque ellos dependían mucho del nueve y sin Bombazo Rodríguez, Los Tigres era un equipo mediocre.
O sea que no les podíamos ganar, pero ellos tampoco tendrían medios para hacerlo.
En esos momentos, vimos aparecer a los locales, con Bombazo en la fila. Su andar se notaba distinto, como que algo molestaba en su pie derecho.
Por cortesía y como capitán, me acerqué y le pregunté:
-          ¿Rodríguez, arreglaste tu problema?
-          Más o menos, me puse un botín dos números más grandes.
-          Bueno, menos mal. Le dije con satisfacción interior, y fui a ocupar el arco.


Empezó el segundo tiempo y la lluvia se convirtió en diluvio. El barro ya era pantano y se hacía intransitable. La pelota ya no picaba, se escondía debajo del lodal.
La parte positiva del juego, estaba en que Bombazo luchaba más contra su botín derecho que por la tenencia del balón. Estaba nervioso, tan nervioso que amagó con irse de la cancha, le colocó cinta de pegar, lo ató con un cordón, hizo todo lo posible para sentirse cómodo.
Pero si alguien inventó botines con número, por algo fue.
Dos números más, son dos números más.
Bueno, no me quiero distraer del desenlace del partido y de la ecuación arquero-miedo.
Faltaban cinco minutos y el partido era un empate clavado, nada hacía pensar que el marcador cambiaría
Pero estaba Bombazo y en un descuido, se le escapó al marcador y entre charco y charco, haciendo patito, me enfrentó, me eludió y tuve que tocarlo abajo, porque si no era gol.
El juez no dudó, pitó penal, ante el griterío de la gente que estoica, enfrentaba el aguacero.
Penal y me agarré la cabeza, sabiendo que era la única maniobra para evitar el gol. 
Penal y aquí podrán analizar, la ecuación arquero-miedo, que les venía diciendo.
Por supuesto en la cancha, no había demarcada ninguna línea, así que hubo que contar los doce pasos.
La pelota mirada desde el arco, era una media esfera. Mitad dentro del barro y mitad afuera.
El encargado de patear, ¿quién se imaginan que era?
Bombazo Rodríguez, por supuesto, ¿quién otro?. Escarbó un poco, dejando a la vista  el lugar donde debía pegarle al balón, dado que la pelota quedaba enterrada, no permitiendo un disparo perfecto.
Se acomodó los botines y tomó aproximadamente quince metros de carrera.
Puse mis brazos en jarra y las rodillas me temblaban. No era el frío, ni el agua, ni la responsabilidad.
Se acuerdan de la ecuación arquero- miedo, bueno.......¡Tenía miedo!
La pelota pesaba el doble y si la agarraba bien, me metería dentro del arco.
Tenía miedo, como nunca antes me había pasado.
Y la incógnita del disparo me carcomía la cabeza.
¿Le pegará a un palo? ¿Le pegará al medio?
Pensé, cual era la manera de salir ileso.
Me da vergüenza, pero en ese momento me daba igual que Pampero ganase o perdiese.
Miré a Bombazo allá a lo lejos; se lo notaba molesto, volvió a acomodarse el botín derecho.
Tenía el ceño fruncido, como con bronca y yo, temblaba de miedo.
Primero puse las manos sobre mis piernas, para intentar parar el temblequeo; después me erguí, manteniendo la frente alta, intentando demostrar lo imposible: que estaba tranquilo.
Comencé a levantar los brazos, tratando de hacer mas chico el arco. Mientras el árbitro hacía señas que no me adelantara.


Sentí el silbato, como la sirena de la locomotora de un tren.
Observé impávido, como Bombazo daba trancos, al mejor estilo jugador de rugby.
Abrí los brazos lo más que podía, y te puedo asegurar que cerré los ojos.
¡Sí, cerré los ojos…!
Sentí el impacto en mi cara y fue lo último que recuerdo. Nada, pero nada recuerdo de esa tarde de Domingo. Desperté el Lunes al mediodía, después de la operación del tabique nasal; y acá estoy en la cama, recuperándome.
Ah...me olvidaba, los últimos cinco minutos atajó el Toto, porque a mi me llevaron en ambulancia al Hospital totalmente inconciente.
¿El resultado? ¿Te interesa el resultado? Salimos 0 a 0.
Porque el muy burro de Bombazo, elevó la pelota por encima del travesaño.
Sí claro, te preguntarás por mi tabique, me pegó con el botín derecho.
Y qué se le va a hacer, le quedaba grande.
¡Por algo los fabrican con número!

 Eduardo J. Quintana
@ejquintana010 
 

del libro "Pasiones de Pibe -Editorial CIEN


Conseguilo en forma virtual en libreriaimaginaria@hotmail.com o en librofutbol.com

Dejanos tu comentario

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Hazte miembro de este blog y tu mensaje respetuoso, siempre será bienvenido