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Este es un humilde sitio donde podré difundir también mis escritos. Volcaré semanalmente algunos de mis cuentos editados e inéditos para que la gente pueda disfrutarlos.

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lunes, 26 de diciembre de 2011

El Hincha

(ese paradigma de amor y lealtad)

Como palpita el corazón, golpea el pecho como el bombo que acompaña cada canción en la popular. La sangre, esa que parece tener un color a los ojos del daltónico hincha contrario, pero que realmente es celeste y blanca; esa sangre que parecen tener sólo los que saltan al sol, los que alientan la vida misma al son de una música que llena los oídos, la música de la palpitación, la puesta a tierra y el sufrimiento de cada fin de semana.
El sudor de una frente bajo el sol cálido del verano y el tiritar del frío que cala los huesos en el gris cemento cuando acecha la época invernal, son muestras que la pasión, el amor incondicional y el sentimiento, no tienen ni espacio ni tiempo.
Derrotas, fracasos, vergüenza; palabras que se repiten cada día posterior a un partido donde el hincha sufre el desencuentro.
Corazón, garra, huevos; para enfrentar con la frente alta y el pecho inflado la adversidad que parece enquistada en el destino de nuestro querido Racing.
Muestra eterna de amor en cada sitio donde la celeste y blanca juegue su honor, ese mismo honor, esa misma dignidad que ponen en juego sólo los hinchas como si los jugadores que vistieran de paso la pesada camiseta de listones cielo y nube, no existieran.
Nacer, vivir, morir agradeciendo la herencia, el legado que nos dejaron nuestros antepasados, que vivieron la gloria y le inyectaron a nuestro cuerpo eternamente la mística de seguir siendo y existiendo a pesar de los sinsabores.
Pensar en Racing, vivir Racing, seguirlo amarlo y que la muerte no te separe, que sea el paso a verlo en la platea de arriba, sentado a la vera de las glorias, entre nubes de algodón y el cielo color sangre celeste.
Demostrar a cada paso ser distinto y mostrar la alegría a cada costado, para que la amargura sea de ellos.
Llenar uno y mil estadios, aunque en ellos no se juegue a nada o en verdad no juegue nadie, si la fiesta está ahí, con el hermano que viste la misma camiseta, con el que te abrazás cada vez que hacen un gol, que se gana un clásico o solamente con el que festejás ser y pertenecer a la Nº1.
El hincha de Racing es distinto. Es sentimiento, es amor, es lealtad, es familia, es herencia.
El hincha de Racing es la creación de fidelidad más grande que Dios puso en el universo.
Es la pureza hecha carne y piel. Es la imaginación hecha pesar y la dignidad al servicio del par que grita y alienta sin parar, vamos Racing, vamos a ganar…

Eduardo J. Quintana


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