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Este es un humilde sitio donde podré difundir también mis escritos. Volcaré semanalmente algunos de mis cuentos editados e inéditos para que la gente pueda disfrutarlos.

Espero les agrade.




viernes, 23 de enero de 2015

El Lírico y la justicia


¡Qué loco lindo es “El Lírico”…! Un tipazo en todos los aspectos de su vida que por un motivo u otro estaba ligada al fútbol.
Le dicen “El Lírico” porque solo entendía el fútbol de una manera, como una forma de expresión artística, como un juego de virtudes, como la magia de la habilidad con el balón casi emparentada con lo divino.
“El Lírico” un discutidor por naturaleza, un tipo que podía defender su postura ante un niño o ante un poderoso. Tiene la hermosa profesión de relator de fútbol y la ejerce con prestancia e imaginación. Es de esas personas que le ponen poesía a cada jugada y emoción a cada gambeta, siempre con ese lenguaje particular lleno de mensajes optimistas y frases complejas que jamás contenían un insulto, ni un agravio, ni un ápice de venganza.
Sus dos únicas obsesiones eran el buen fútbol y el buen decir. Nunca un insulto, una palabra fuera de lugar. Su verba era completa y su dicción perfecta, al margen que cuenta con atributos técnico futbolísticos que lo hacen aún mucho más respetado cuando esboza un criterioso comentario.
Otra cosa que lo enaltece más a “El Lírico” es la espontaneidad que pone en todas las acciones de su vida y tiene algunas anécdotas desopilantes, como aquel partido en que el “Nono” Umpiérrez tomó la pelota en su propia área y gambeteó a cuanto jugador saliese en su búsqueda, mientras que “El Lírico” desde la cabina aseguraba que si era gol dejaría de transmitir y le daría un abrazo. Cuando el “Nono” eludió al guardametas y envió la pelota a la red, el micrófono quedó en manos del comentarista, ya que el relator ingresó al césped y abrazó al delantero goleador.
O aquella vez en que el “Luto” Veloso, hábil número diez del equipo de la ciudad, se enfrentó a “Quique” Ontiveros, el más grande jugador que dio la provincia, “El Lírico” se presentó en el Estadio vestido de frac, con el pelo engominado cual fuera un tenor en una velada clásica.
Las discusiones con sus amigos eran monótonas. Estaban quienes discernían en forma educada y tranquila, estaban quienes lo chuzaban para hacerlo enojar y estaban los polémicos del fútbol práctico, el del todo vale, los del resultadismo a ultranza, que lo enervaban a la enésima potencia. “El Lírico” era un tipo tranquilo, caballero, educado y por sobre todas las cosas, ubicado en cada circunstancia. Pero cuando le hablaban de línea de cinco, del tres – cuatro – uno – dos o bien de formas hacer tiempo con los cambios, cuando a “El Lírico” le hablaban de esas cosas propias del fútbol moderno le agarraba urticaria, se desencajaba de tal forma que quería agarrarse a trompadas. No parecía la misma persona en este tipo de situaciones que en realidad eran íntimas y entre amigos. En público, ante sus oyentes su pulcritud era invariable.
Mientras escribo esto recuerdo que hace muchísimo tiempo que no lo veo, creo que más de cinco años; sí, más de cinco años porque hace tres que me retiré del referato y ya hacía un largo tiempo que no me lo cruzaba por las canchas. Hoy será un día particular porque ambos concurriremos a un evento benéfico y seguramente nos estrecharemos en un abrazo. Ojalá me pongan en la misma mesa que a él, así podré deleitarme con su caballerosidad deportiva.
Llegó el momento en que el club explota de alegría. Mucha gente amiga se dió cita y allí la gran sorpresa. El caballero del fútbol, el señor del gol, era quien presentaba y entregaba los premios. En un momento de la velada, el asombro fue mayor cuando “El Lírico” leyó:
“Cómo reconocimiento a la trayectoria en el arbitraje de la liga se hace entrega de este premio al señor…”
Un misterioso intervalo en la alocución de “El Lírico” ante el silencio total del salón.
“Decía, cómo reconocimiento a la trayectoria en el arbitraje de la liga se hace entrega de este premio a…al pedazo de hijo de puta de Prudencio Mena, corrupto hijo de un vagón putas que echaste al Carlitos por festejar el gol en aquella final del 2010, vení a buscar el premio sorete de luto”. Gritaba a viva voz “El Lírico” mientras se arremangaba la camisa y se desabrochaba la corbata, demostrando que él también siente el fútbol con pasión.
¡Qué loco lindo es “El Lírico”…!


 Eduardo J. Quintana
Texto inédito
@ejquintana010


"Difundir la Literatura Futbolera para volver a pensar en jugar a la pelota"

Las imágenes que ilustran este cuento, fueron tomadas de Internet

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lunes, 12 de enero de 2015

El loco Triste

Cuando el médico lo interrogó sentado en la camilla el Triste Bustos lo miró a los ojos como buscando una respuesta. Fue instantáneo y la mirada lo dijo todo, el psiquiatra se hizo presente al rato y del vestuario fue directamente a una clínica especializada. El comentario generalizado era que el Triste estaba loco, que la muerte de su madre lo había trastornado de tal forma que tenía ese tipo de apariciones que el mismo contaba. Como en aquella reunión de amigos donde contó la historia del cementerio.

“Llegué al cementerio sin saber dónde estaba la tumba de mi madre, sabía aproximadamente el sector, pero no el lugar justo. Iba con mi hermanito y en un momento determinado sentí que alguien chistaba. Era un viejito que estaba sentado en la raíz salida de un ombú y a la distancia me gritó: ¿Busca a Edelmira Méndez de Bustos? Asombrado lo miré y le dije que sí. Me dijo: es aquella tumba que tiene la lápida más oscura, aquella,  ve, la que no tiene flores. Me acerqué lentamente seguido por el Negro, mi hermano, y ya delante de la tumba divisé el nombre de mi madre y allí recordé con dolor el día del entierro. Coloqué las flores y cuando me decidí a darle una propina al viejito por la información, vi que ya no estaba. Miré a mi hermano y le pregunté: ¿Viste al viejo, Negrito? Y fue ahí cuando mi hermanito me respondió: ¿Qué viejo?”

El Triste tenía ese problema que lo perseguía desde joven, era común escucharlo hablar de sus charlas con su madre, bajo la parra mate de por medio. Y sería hermoso lo que contaba si no hubiese sido que la madre había muerto hacía varios años. Por eso sabiendo eso, el médico en conexión con el psiquiatra, habían recomendado la internación. Pobre Triste, lo persiguieron estas cosas y por eso lo del apodo, por las historias que contaba. Por eso lo de Triste Bustos como lo conocía todo el mundo, porque siempre contaba cosas que rondaban el llanto y la conmoción, como ese día en un asado con sus compañeros de equipo que se despachó con lo del almacén.

“Estaba en el almacén de mi familia atendiendo la caja una mañana de Nochebuena, cuando apareció una niña andrajosa, con la cara sucia y aspecto abandonado, se detuvo frente a mí y me sonrió sin emitir palabra. Yo le dije: ¿Venís a saludarme? y ella movió la cabeza afirmativamente. Le dije que espere, corté una flauta grande y le preparé un sándwich de jamón crudo y queso, lo tomé con una servilleta, abrí una lata de gaseosa y me dirigí a la caja donde esperaban cuatro clientes para cobrarles. Me disculpé con el clásico – Ya estoy con ustedes – y coloqué el sándwich y la gaseosa en el mostrador, viendo asombrado que la niña ya no estaba ahí. Pregunté a la señora que estaba en la cola y me respondió: ¿Qué niña? La niña que estaba aquí parada con una hermosa sonrisa, miré a mi padre que atendía los fiambres y me negó con la cabeza. Miré a mi hermano y se encogió de hombros. La mujer que me mira fijo y me dice: Vaya a tomar un poco de aire, tanto trabajo lo debe estresar…”

No era la primera ni la única vez que le ocurría y era tema de discusión después de los entrenamientos. El centro donde no había compañeros o un pase al vacío donde no ningún jugador. Hasta aquel cómico lateral en pleno encuentro al pecho de nadie, porque no había nadie en ese lugar. Era difícil de sobrellevar, pero él ni se inmutaba y hablaba de nombres inexistentes.
Pero ese día del clásico a minutos de finalizar, después de gambetear a los dos centrales, dejar en ridículo al arquero, no puede decir que vio entrar al Pepe Centeno y le dio el pase atrás para que se convierta en goleador, si el querido Pepe había muerto del corazón hacía siete años…
Son las cosas del Triste Bustos, viste, cosa de locos…



 Eduardo J. Quintana

@ejquintana010


"Difundir la Literatura Futbolera para volver a pensar en jugar a la pelota"

Las imágenes que ilustran este cuento, fueron tomadas de Internet

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