El
viernes era feriado. Ese raro invento llamado “feriado puente” para incentivar
el turismo. Serían cuatro días donde todos aquellos a quienes no les gustara el
fútbol, podrían viajar a visitar algún lugar turístico. Seguramente los menos,
los otros, los que sentían el fútbol como algo más que un deporte, esa gran
mayoría de fieles del deporte pasión, utilizarían el feriado para preparar los
detalles cabuleros y tomarían ese feriado como aquel 9 de julio, en el cual “Romerito”
se convirtió en héroe.
En
la semana se comunicaron Manuel y Florencia para combinar el asado. Eran cuatro
hermanos, dos varones y dos chicas. Manuel se encargó de hablar con Pedro y
Florencia con Julia. Los cuatro, en realidad, las cuatro parejas y sus hijos
verían el partido juntos como en aquel maravilloso Mundial 2014.
Aquel
fue asado en el quincho de la casa de Manuel, este iba a ser asado en el
quincho en casa de Manuel.
Pedro
puso el vino aquella vez, Pedro pondría el tinto esta vez. Florencia se encargaba
de las ensaladas como ayer y Julia del helado. Todo estaba preparado, se
juntarían a las doce, para la picada viendo a Brasil y almorzar esperando
Argentina – Holanda.
En
ocho años habían cambiado algunas cosas. El quincho tenía acondicionador de
aire, el Smart TV nuevo era de 75 pulgadas, Holanda ya no era Holanda, sino
Países Bajos y la familia era más numerosa. Habían nacido tres nuevos
integrantes Pipi y Samy hijos de Pedro y Sol, la hija de Julia con su nueva
pareja, Willy. Atrás había quedado su ex pareja, con quien Julia tenía a Milo,
quien obviamente, estaba presente.
A
las diez, Manuel y su hijo Benjamín prendieron el fuego. Mientras Fernanda, la
pareja del anfitrión y Bautista acomodaban las cosas en la mesa. Florencia y Mariela,
madre e hija preparaban las ensaladas y la picada. Un rato antes del mediodía, llegaron
los más chicos, Pedro con su familia y Julia con Willy, que nunca había comido
un asado en casa de sus cuñados y los dos niños.
Ese
tema de Willy, quien no había estado en 2014 se trató anteriormente, pero para
que Julia no se ofenda quedó en la intimidad. Su pasado era casi desconocido,
la familia había quedado muy conectada con el papá de Milo, ex marido de Julia.
Willy
no se llamaba Guillermo, se llamaba Fernando y era un muchacho moderno, que
trabajaba en un broker de bolsa y ostentaba un muy buen pasar económico, algo
que en la familia de su pareja no era para nada producto de envidia.
En
el medio del asado Brasil y Croacia iban a alargue. Antes de terminar Croacia
eliminaba a Brasil y todo era fiesta. Corrieron la mesa, prepararon el quincho
como cine, sirvieron el helado y mientras lo tomaban, comenzaban la previa.
La
charla era intensa y con voz alta, señal de nervios. En una de esas
intervenciones, Pedro dice:
-
Fernando,
pregunta del millón: ¿Por qué Willy…?
Era
una pregunta que no encontraba respuesta en la lógica y que ni siquiera Julia,
que lo conoció con ese apodo, sabía.
-
La
historia se remonta a muchos años -explica Willy con vos ceremoniosa- estaba en
tercer año la secundaria.
-
¿Año…?
Pregunta Florencia
-
Tercer
año lo hice en 1978, el año del Mundial.
Ya
instantáneamente se enteraron que Willy era bastante más grande que Julia, que
había nacido en 1986. Pero como en el amor no existen diferencias de edad,
jamás se había planteado en conversación alguna, ya que Willy tenía aspecto de
cuarentón.
-
¿Sesenta
años tenés? Pregunta Manuel
-
Cincuenta
y nueve. Cumplo sesenta el año próximo.
Willy
que toma la palabra y cuenta:
-
Tengo
un gemelo, llamado Sergio
Se
quedaron todos en silencio, era algo que no sabían en la familia. Solo Julia conocía esa historia, pero como Sergio
vivía en Canadá, no se conocían personalmente.
-
En el
Mundial de 1978 había unos gemelos muy famosos, medios colorados como nosotros,
a quienes empezamos a imitar.
Manuel
miró a Florencia y esta, a su vez, a su marido Javier. Eran de la misma
generación que Willy y sabían de quienes hablaban.
-
¿Hablás
de los gemelos holandeses…?
Y
a la pregunta de Javier, Willy responde con la sinceridad de quien no siente el
fútbol.
-
Sí,
Willy y René Van de Kerkhof…
Todos
se miraron y la pareja de Julia que remata.
-
Nos
peinábamos igual y nos compramos las dos camisetas de Holanda con el número 10
y el apodo “René”, y el 11 con el “Willy” en la espalda…
Un
silencio se hizo carne en todo el quincho
-
¿La
camiseta de Holanda dijiste, Willy…? Preguntó su pareja, Julia.
-
¿Holanda…Países
Bajos…? Dice Milo, el hijo de su pareja.
-
Sí, la
camiseta de “La Naranja Mecánica” -acota Willy- De Holanda del ’78.
-
¿Vos
decís qué te dicen Willy por un holandés que jugaba en el año del pedo?
Y
ante el silencio del resto de la familia, Julia se levanta, le deja la bebé a
Florencia y le dice a Willy:
-
Te voy
a pedir que te vayas a verlo a otro lado…
-
¿Cómo…?
-
Fue
clara Julia, Willy…Comenta Manuel.
-
Estoy
hablando con Julia, no con vos…
Ahí
se levantaron Pedro y Javier, con otro tono:
-
No le
contestes así a Manuel…
-
¡Estás
en su casa, salame…!
Fue
Pedro el que esbozó algo así como: “acá estás demás”.
Eran
una familia muy unida y evidentemente, después del embarazo, las cosas entre
Willy y Julia no estaban tan bien, como para que la madre de Milo y Sol no
salga a defender a su pareja.
Fue
algo inesperado. A minutos de un momento importante una discusión fuerte y una
reacción aún peor. Willy se fue enojado, la familia quedó sola y los primeros
minutos fueron en el más absoluto silencio. No había reacción posible ante lo
acontecido y la tensión de un partido durísimo.
El
gol de Molina, rompió el hielo…
Fue
una hermosa fiesta, un momento de desazón, una vuelta a la esperanza, un
terrible sufrimiento, mucho nervio, mucho grito y, sobre todo, unión familiar.
Como en 2014, el final fue a puro canto, plena emoción y victoria, hermosa
victoria.
La
familia unida por el fútbol y el émulo de Willy Van de Kerkhof, yéndose a su casa.
Como
correspondía…
Cuento inédito
IG: eduardo.quintana961
Facebook y Twitter: @ejquintana010
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