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jueves, 10 de marzo de 2016

De apodo el Mariscal



Hay personas con suerte en la vida; suerte que queda plasmada en acciones que se llevan a cabo sin querer. Un billete de lotería acertado entre tantos, es suerte. La bola de la ruleta que se detuvo justo en tu número, es suerte. ¡Colorado el veinticinco! grita el groupier y vos te ponés contento, porque habías puesto un fichita al pleno; eso es suerte.
Pero cuando me pongo a hablar de este tema, siempre que tengo presente a Cacho Sinópoli, “el Mariscal”.
Nunca jamás conocí tipo con tanta suerte, al extremo que llegó a jugar en primera división dos partidos, hizo dos goles y lo compraron los japoneses para jugar al fútbol, allá en Oriente.
Muchas veces suena como una opinión con envidia enquistada, pero no es así. Yo “al Cacho” siempre le tuve aprecio, desde pibe, cuando vivía en la casa vecina.
El tema de la suerte, lo digo con pleno conocimiento, ya que durante toda la escuela primaria y todo el secundario, fui su compañero de banco.
Recuerdo un lunes, cuando estábamos en cuarto, no, no, cuarto no, quinto, en quinto grado se apareció con una camiseta de Racing que le llegaba a las rodillas, puesta encima del guardapolvo blanco.
¿Te imaginás? Eran épocas donde las camisetas eran caras y casi nadie tenía una original de piqué, cuellito y bolsillo como tenía “el Cacho”.
Fue entrar al colegio y que todos los pibes se le fueran al humo, para preguntarle de dónde la había sacado.
Nos contó a todos, que había concurrido a ver un partido de Racing en la cancha de Atlanta y cuando finalizó el encuentro, el Mariscal Roberto Perfumo se la había regalado.
Justo el Mariscal, tremendo jugador, el mejor dos que vi en mi vida y que me perdonen otros full back derechos, pero Perfumo fue lo máximo.
Siempre cabeza levantada, siempre salir jugando y mucha, pero mucha personalidad. A un punto tal, que si las cosas no salían y el nueve era Artime, Rojitas o el Mono Oberti, un lustre al tobillo y la frase: “Pasa la pelota, pero no el jugador”.
¡El Cacho Sinópoli, qué tipo de suerte!
Venía a jugar a la pelota al Parque Chacabuco, con la camiseta del Mariscal con el número dos, gigante, en la espalda.
¿Y viste cómo son los pibes en el fútbol de barrio, de potrero?
Al gordito le dicen:
-          Dale “Gordo” pasala rápido.
Al de remera roja le dicen:
-          Tocá rojo, tocá.
Al que tiene la camiseta de Boca le dicen “Boca” y así con cada sobrenombre.
¿Y cómo lo llamaban a Cacho? Y sí,”Mariscal”. Le decían “Mariscal”.


Siempre lo mandaban a jugar de número dos, porque era grandote y medio “maleta”.
Pero la camiseta asustaba, le empezaron a decir “Mariscal” y era elegido siempre entre los mejores del pan y queso.
Al final tanto jugar del lado de los buenos, que terminaron reconociéndolo como tal.
Yo jugaba de nueve y era goleador, el Mario lo hacía siempre de diez y era un tipo exquisito, con y sin la pelota. Pero el crack indiscutido para todos era el Cacho…bahh, “el Mariscal”.
Tanto era el agrande que tenía, que jugaba los sábados en Comunicaciones con tipos más grandes. Y, Mariscal de acá…Mariscal de allá, terminó haciéndose conocido.
Un tipo de suerte “el Cacho”, de tanta suerte, que un día nos fuimos a probar todos a Argentinos Juniors.
Todos éramos, el Zurdo López, el Mario, el Cacho y yo. Nos hicieron ir tres veces, jugamos todo el tiempo y la verdad, lo hicimos bárbaro.
Esa noche cuando me senté junto a la mesa para cenar y mi viejo me preguntó, como me había ido, me puse a llorar.
Lloré un largo rato a moco tendido, no encontrando explicación a tamaña injusticia.
Y mi viejo, sabedor en estas instancias me dio la explicación buscada.
-          ¿Cómo, no quedaste en Argentinos Juniors?
-          No papá, ni yo, ni el Mario, ni el Zurdo López.
-          ¿Y quien quedó? Preguntó mi viejo asombrado.
-          El Cacho papá,…el Cacho.
-          ¿El Mariscal?
-         
-          ¿Y qué querés? Con ese apodo, como no va a quedar.




  Eduardo J. Quintana 

@ejquintana010
 
Del libro "de fútbol y barrio"





  "Difundir la Literatura Futbolera para pensar en volver a jugar a la pelota"

 
Las imágenes que ilustran este cuento, fueron tomadas de Internet
 
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